CóMo PintAr el pResEnTe, sI lOs CoLoReS sOn pAsaDo...

martes, 16 de noviembre de 2010

Amarillo 02: inicios

Te recuerdo sentado en la ventana de aquel pequeño teatro, con tu libro y los auriculares puestos, escuchando, seguramente, algún trovador de otro continente. Yo llegaba con una amiga, a tomar café y a probar suerte. ¿Lo conseguiríamos? Ninguna señal. Un momento tranquilo. Uno de ésos, previos, de los que no te regalan ningún indicio de lo que va a pasar unas horas después, a pesar de las hormigas.

Está bien, lo confieso, estaba nerviosa. Esas hormiguillas en el estómago, las de antes, que intuyen que algo emocionante va a suceder o, al menos, eso les gustaría.

Un café y un rato de lectura. De repente, al levantar la vista, ya se había congregado un grupito de gente a la entrada, y tú ya no leías. Una pareja, cuatro amigos y el chico de la ventana. Las cuentas eran doce como máximo en taquilla. Nueve. Corre, no vaya a ser que nos vayamos a quedar sin entradas, después de todo. Comentamos y contamos, tenemos para todos. A mí me encanta este tipo, siempre que puedo voy a sus conciertos. Yo vengo de lejos, voy a darle una sorpresa a mi novia, no sabe que voy a conseguir las entradas para su artista favorito. Nosotros nos conocimos en un concierto. Le gustaba a mi ex, y ya ves, ahora estoy aquí con otro...

Mis hormigas se agitan aún más. Necesito aire. Salgo a la puerta. Y en ese instante, un coche se para justo delante de mí. Se abre la puerta y aparece él. No me lo puedo creer. Qué puta/relinda casualidad. Hola! Estabas en Francia, verdad? Pues sí. Eres Lidia? Cuántas entradas quieres? Te las dejo a tu nombre en un sobre, en la ventanilla. Hormigas, esta vez, zompopo (cuando todavía no sabía lo que eran).

Espero. Entra. Es él. Fotos. Autógrafos. Preguntas. Me gusta. Risas.

Entro después, cuando ya está desapareciendo tras la puerta del camerino. Tú te acercas. Eres el único que te has dado cuenta. Qué tienes que contarme? Por qué? Media sonrisa asoma a mi boca, que indica que es cierto, que algo hay que contar.

Ahí fue. Justo en ese instante. Te convertiste en mi amarillo, más duradero, más genuino. Y no fue él quien nos unió, fueron todos los demás.

No recuerdo nuestro segundo encuentro, sí el motivo: la música. Pero recuerdo tantos otros. Un baile en Buenos Aires. Els bastonets del teu poble. Una cena en mi casa, con mis amigas, con tus amigos. Otro concierto. Paseos. Nuestras charlas y noches de desvelo. La incondicionalidad. Las distancias compartidas. El cariño sincero y puro.

Por representar a esos amarillos, ésos que son para toda la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario